Apuntes sobre la formación de profesores durante la segunda mitad del siglo XIX
Este artículo esboza las grandes líneas de la evolución de la formación de maestros de nivel elemental en el estado de Jalisco durante la segunda mitad del siglo XIX y específicamente en el periodo 1841-1893 durante el cual todavía no se lograba hacer realidad el funcionamiento de las escuelas normales. En este entendido, no abarcamos la enseñanza normal propiamente dicha: el campo en que nos movemos concierne a la enseñanza elemental y los Liceos, tanto el de niñas como el de varones.
Sin duda, este primer acercamiento deberá ser completado y profundizado por otras fuentes, lo que permitirá eliminar las lagunas o incertidumbres de que adolece este trabajo.
La organización general de la instrucción publica a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX se alinea a los artículos contenidos en el Plan General de Enseñanza de 1861 decretado por Pedro Ogazón, entonces gobernador del Estado1.
En este plan encontramos de manera detallada y específica lo que concierne a la formación e incorporación de maestros de educación elemental. Dado que en esta fecha no se contaba con una institución que se dedicará específicamente a la formación de maestros, lo que concierne a la preparación docente se resume en el artículo 15 de la manera siguiente:
“…el preceptor deberá poseer la instrucción correspondiente en los ramos relativos al orden a que se aspire y que se acreditará por medio de un examen” 2.
En efecto, la instrucción elemental se hallaba organizada de acuerdo a cuatro órdenes. Las escuelas de primer orden comprendían las siguientes asignaturas: Compendio de Historia Sagrada, El dogma y la moral cristianas, La urbanidad, La lectura, La escritura, un curso práctico de aritmética y el conocimiento del sistema métrico decimal, La gramática castellana, Nociones de geometría práctica y Dibujo lineal a regla y compás, Obligaciones y derechos del ciudadano mexicano, Nociones de geografía y Compendio de la historia del país3. En total, las escuelas de primer orden impartían once asignaturas o “ramos” de enseñanza. En las escuelas de 2o., 3o. y 4o. orden se compartía la enseñanza de las primeras cinco asignaturas señaladas arriba, más la aritmética, materia que era impartida con diferentes grados de profundidad de acuerdo al orden de la escuela en cuestión.
La aritmética en las escuelas de segundo orden se extenderá hasta la regla de tres simple con sus aplicaciones al interés y descuento; en las de tercero se enseñarán las operaciones fundamentales con los enteros, quebrados y denominados; y en las del cuarto se dará a conocer el sistema de la numeración con los enteros y quebrados4. Además, las escuelas de 2o., 3o. y 4o. orden impartían la ortografía y la acentuación castellana5.
Dado que a los aspirantes a preceptor se les exigía solamente el dominio de las materias correspondientes al orden de la escuela donde trabajarían, es lícito deducir que cualquier persona que hubiese terminado su educación elemental con un grado aceptable de aprovechamiento (las notas en esta época eran de 0 a 20) podía presentarse al examen estipulado por la Junta Directiva, aprobarlo, tener su título de preceptor y ejercer como tal.
Este hecho tiene importancia en tanto hace transparente una visión de la transmisión del conocimiento como algo mecánico y automático: el sólo hecho de “saber” implica que se “sabe enseñar”. En realidad, esta es la columna vertebral de la contratación de maestros en el siglo XIX, no obstante los repetidos intentos por instituir una formación especializada para los preceptores. Para subrayar esto, recordemos que en los estudios medios y superiores, aun en nuestros días, esta máxima es la que determina la incorporación de los maestros (un ingeniero químico enseña automáticamente química, un médico anatomía…).
Un elemento más nos permite ahondar en la visión de la educación predominante en este periodo. La premisa básica de “sabes”, entonces “sabes enseñar”, se completa con la de “es necesaria la práctica”. En efecto, el inciso IV del artículo 15 ya citado, especifica esto para el aspirante a preceptor de primer orden6.
Así pues, vemos cómo la educación se reproducía a sí misma, en ausencia de la reflexión teórica sobre el hecho mismo de enseñar. La práctica lograba imprimir al sistema de elección de candidatos a preceptor una característica eminentemente pragmática.
Evidentemente, los preceptores recibían un salario anual de acuerdo al orden a que pertenecía su título, pero también había una diferencia establecida según se tratará de hombres o mujeres:
1. Las Escuelas Normales
Las Escuelas Normales, una para profesores y una para profesoras, fueron creadas por decreto en 1889. Sin embargo, sólo esta última logró ver la luz quedando “solemnemente inaugurada” en abril del mismo año, dotada con todos los muebles y útiles necesarios (que se encargaron a Europa), y para la inauguración de la de preceptores, sólo se espera que concluyan los trabajos emprendidos en el edificio del Liceo de Varones del Estado8.
A partir de entonces empezó a denominarse “Liceo de Niñas del Estado y Escuela Normal de Profesoras”, nombre con el que funcionó ininterrumpidamente hasta 1903, año en que pasó a ser “Escuela Normal Mixta” 9.
Por ahora, nos interesa analizar si antes de 1889, los planes de estudio de los Liceos comprendían, así sea implícitamente, la preparación de los futuros preceptores.
2. El Liceo de Niñas
El Liceo de Niñas fue creado por decreto en 1847 y fue denominado “Liceo de Señoritas Educadoras de Jalisco” 10. Desde su fundación hasta 1890, sus planes de estudio tuvieron modificaciones, pero éstas pueden ser agrupadas bajo un solo parámetro rector: el de proporcionar un conocimiento cada vez más enciclopédico a las alumnas, siempre teniendo en cuenta que la mujer era ante todo ama de casa. El plan de estudios original tendía a perfeccionar la formación de los estudios elementales (lectura y escritura en toda su perfección, gramática castellana, aritmética y geometría, geografía, historia, dibujo lineal, de perspectiva y al natural) a la vez que ponía especial énfasis en el aprendizaje de idiomas (francés, inglés, italiano). La música, el canto y las labores femeninas (costura, bordado, labores de aguja) venían a completar la educación media de la mujer11.
En el plan de 1861 desaparecieron la lectura y la escritura en toda su perfección, el dibujo (en sus tres formas), las labores femeninas y música y canto. En su lugar fueron introducidas las siguientes materias: Religión y moral cristiana, Botánica, Teneduría de libros, Higiene y medicina doméstica, Urbanidad y economía doméstica, Educación física de la mujer. Además fueron agrupadas en una sola materia los ramos de Música, Dibujo y nociones de pintura, de bordado en todos los ramos, de construcción de flores artificiales y de jardinería12.
El plan de 1868 conserva básicamente la estructura del anterior con las siguientes modificaciones: Música y canto vuelve a ser una asignatura aparte de aquélla que comprende también labores manuales; a la de Botánica se le agregan Nociones de Jardinería y, finalmente, se introduce la clase de Principios de Literatura13.
En 1879 se hicieron nuevas modificaciones. En primer lugar, se reintrodujo la Lectura y Escritura en toda su perfección, Aritmética y Geometría pasaron a ser sólo Aritmética, la Geometría se combinó con el Álgebra, se reintrodujo Dibujo al natural, en lugar de Principios de Literatura se impartió Retórica y Poética y aparecieron Dibujo de ornato, Tejidos de pelo, Flores artificiales y Labor14.
El decreto 598 de octubre de 1880 estableció la introducción de las siguientes cátedras: Dibujo de ornato con aplicación al bordado y otros usos, Litografía, Caligrafía ornamentada y Dibujo lineall5.
De acuerdo con los documentos consultados, la Junta Directiva de Estudios recapacitó sobre el hecho de que el plan de estudios del Liceo de Niñas se parecía cada vez más al de Varones, dejando de lado los adiestramientos “propios de la mujer”. Es así que en la Memoria de Gobierno de Francisco Tolentino de 1887, encontramos lo siguiente:
[Se informa de un aumento de cátedras] “…con la enseñanza de aquellas materias útiles para la mujer según el nuevo sistema de educación, y se han suprimido otras en que se enseñaban ramos que constituían un frívolo y superfluo adorno para su espíritu, poniendo trabas al cumplimiento de su verdadera misión” 16.
Las materias que se suprimieron fueron: Dibujo lineal, Dibujo al natural, Botánica, Higiene y Medicina doméstica, Urbanidad y Economía doméstica, Retórica y Poética y Labor. Por otro lado, las “materias útiles” que se implementaron fueron: Matemáticas y Nociones de teneduría de libros, Nociones de Física, Química e Historia natural y, nuevamente, Principios de Literatura. Es también en este plan que aparece, por fin, la cátedra de Pedagogíal7.
Antes de detenernos en la aparición de esta última materia consideramos oportuno dejar constancia de dos cosas: 1o.) las “labores femeninas” se conservaron (Flores artificiales, Dibujo, Dibujo de ornato, Bordado, Flores artificiales, Tejidos de pelo) de manera paralela. Y en 1889, se informó de la incorporación de Moral y Economía doméstica, Labores de mano, Derechos individuales y Dibujo18; 2o.) la materia de Matemáticas estaba contemplada ya en el Reglamento Interior del Liceo de Niñas del 26 de diciembre de 187819, sin embargo, el hecho de que no aparezca en la relación de materias de la Memoria de 1879, y no sea sino hasta la de Francisco Tolentino, en 1887, que se menciona, hace pensar en una posible omisión accidental o bien que si se había estipulado la inclusión de las Matemáticas, ésta no se empezó a cursar sino hasta 1887, aproximadamente.
En relación a la materia de Pedagogía, sabemos que los textos utilizados para su impartición fueron dos: el “Curso de Pedagogía” de Ambroise Rendú, hijo, que había sido traducido por Manuel López Cotilla en 1859 y que fuera repartido a los maestros de educación elemental en aquella época, un poco antes de la muerte de don Manuel; del segundo de los textos utilizados desconocemos el título y de su autor sólo sabemos que su nombre era Avendaño20. Un par de años después el texto de Rendú fue sustituido por otro de Gerardo.
Antes de estos años, la mecánica para otorgar títulos de preceptora respondía a criterios por lo demás flexibles, como en 1870, en que desatendiendo a ley de 1861 que exigía la edad mínima de veinte años para ser preceptor, la Junta Directiva de estudios les otorgó el título de preceptora a niñas que no tenían “más que catorce años de edad” 21 tomando como base únicamente el aprovechamiento que tuvieron en sus estudios22. Ante esto, nos parece legítimo deducir que a partir de la introducción de la cátedra de Pedagogía, las egresadas del Liceo hayan tenido automáticamente el título de preceptoras. En este sentido, en la memoria de Gobierno de 1888 —es decir, un año después de que se empezara a impartir la materia— se reportan 211 alumnas, de las cuales 11 obtuvieron el título de preceptoras23.
Podríamos inferir, en esta inteligencia, que las alumnas que así lo solicitaban se sometían al examen de la Junta Directiva y lograban así acreditar el título. Sin embargo, la información que encontramos en la Memoria de 1893 nos hace dudar que el mecanismo fuera tan simple. En este año se reportan 744 alumnas examinadas, y se especifica que 7 recibieron títulos de preceptoras, mientras que 10 pasaron a la Escuela Normal24. Creemos que hay sólo dos explicaciones lógicas. La primera, consistiría en que las alumnas que terminaban sus estudios en el Liceo tenían automáticamente su título de preceptoras. Si esto fuese cierto, el número de alumnas que se reporta habiendo obtenido el título correspondería a aquéllas que terminaron los estudios y, por lo tanto, estaríamos constatando que había una bajísima eficiencia terminal en este nivel de estudios, o una gran deserción. La segunda posibilidad, coincide con nuestra primera observación, en el sentido de que el examen para obtener el título tuviera que ser solicitado por las alumnas interesadas en ello. Ahora bien, cualesquiera de estas dos posibilidades es igualmente coherente con el hecho, inferible a partir de los datos de alumnas que pasan a la Normal, de que en el Liceo, a partir de la creación de la Normal en 1889, las alumnas obtendrían sólo títulos de 2o., 3er. ó 4o. orden, pues de lo contrario, no tendría objeto el pasar a la Normal.
3. El Liceo de Varones
Denominado en un principio Liceo de Jalisco, este establecimiento fue creado por primera vez por el Plan General de Estudios de mayo de 183425. Sin embargo empezó a funcionar bajo el nombre de Liceo de Varones, hasta 1861, en concordancia con lo establecido por el Plan de Estudios de ese año. En 1892, cuando los decretos 573 y 584 plantean la creación de la Normal de Profesores, el Liceo pasó a ser “Liceo de Varones y Escuela Normal de Profesores” 26 y funcionó de esta manera hasta 1903, fecha en que la fundación de la Escuela Normal Mixta devolvió al Liceo su carácter de Escuela Preparatoria conociéndose desde entonces, y hasta 1914, como Liceo del Estado27.
Regresando al inicio, después de un breve periodo de operaciones, el Liceo de Varones fue cerrado en 1863 —al igual que el Instituto de Ciencias del Estado— a causa de la intervención francesa, la cual obligó al gobierno jalisciense a retirar los fondos que destinaba a su funcionamiento para financiar la guerra. Y es hasta 1867, con el fin del Imperio, que vuelve a abrir sus puertas. El Liceo de Varones tenía como función la de impartir “todos los conocimientos humanos preparatorios” 28. Sin embargo, en él también se cursaban carreras o profesiones: la de Agrimensor, Ingeniero geógrafo, Ensayador e Ingeniero de minas29. En razón de esta doble cobertura (estudios secundarios y técnico-profesionales) su plan de estudios, decretado por Pedro Ogazón en 1868, se dividía en clases principales y secundarias —equivalentes a las optativas de nuestros días. En total, el plan comprendía seis años de estudios divididos en dos periodos y diecisiete materias principales: Gramática general y repetición de la castellana, Gramática latina, Idioma francés, Idioma inglés, Principios de Literatura, Elementos de cronología, Repetición y ampliación de la geografía, Religión, Elementos de historia general y estudio particular de México, Psicología, Lógica, Moral e historia de la filosofía, Elementos de matemáticas, Física, Elementos de química y cosmografía, Dibujo natural y de perspectiva, Gimnasia, esgrima, equitación y natación, Teneduría de libros y, finalmente, Elementos de estadística y de economía política30.
La cátedra de Pedagogía fue introducida en el año de 1887, y el hecho fue acotado en la Memoria de Francisco Tolentino en el tenor siguiente:
“Bueno es hacer notar que la creación de la cátedra de la cátedra de Pedagogía ha venido a llenar un vacío que se hacía notar en la instrucción, haciendo que el Liceo de Varones supla la falta de una escuela Normal, cuyo establecimiento no pudo llevarse a cabo. Para hacer patentes los resultados de la nueva organización del Liceo de Varones, baste decir que el número de alumnos que cursaron las cátedras de dicho plantel durante el último año excedió en más de una centena al de los años anteriores” 31.
En esta memoria encontramos también interesante información sobre lo que podríamos llamar el desfase entre el discurso o los proyectos y la práctica o la realidad. En líneas anteriores hemos anotado las materias que debían comprender el tronco principal de los estudios del Liceo. Pues bien, en la Memoria que hemos venido citando se anotan las materias que fácticamente eran impartidas paralelamente a las que se habían logrado aumentar. Es lícito pues, deducir que de 1861 —o tomando como fecha de funcionamiento regular ininterrumpido el año de 1867— a 1887, la realidad de la enseñanza en el Liceo no correspondió al proyecto original. A continuación reproducimos el listado de materias que Tolentino agrupa en “antes” y “después”:
ANTES
Física, Primer curso de Matemáticas, Filosofía, Gramática general y elementos de literatura, Historia y cronología, Astronomía y Geografía, Latín, Inglés, Francés, Teneduría de libros, Esgrima y gimnasia, Pintura, Dibujo natural y de perspectiva.
DESPUÉS
Física, Elementos de química, Aritmética, Álgebra, Geometría plana y en el espacio y ambas trigonometrías, Gramática general y Principios de Literatura, Filosofía, Historia y cronología, Nociones de Historia natural, Geografía, Latín y Raíces griegas, Francés, Inglés, Alemán, Teneduría de libros, Pedagogía, Economía Política y Estadística, Dibujo lineal y natural, Pintura y escultura, Grabado, Gimnasia y Esgrima32.
Por su parte, Ramón Corona informó en 1889 de la implementación de nuevas materias: Astronomía teórica, Canto coral y acompañamiento de violín y Escritura inglesa y Caligrafía, estas últimas fueron incorporadas para “mejorar la forma de letra, sobre los órganos respiratorios de los niños y hacer más fácil la retención mneumónica” 33. La única materia suprimida fue la de Alemán, seguramente por la falta de un maestro que la impartiera34. El mismo Corona informó que la alteración que se hizo en las clases “fue la de dividir los cursos 1o. y 2o. de Latín y Raíces griegas, nombrándose un profesor para cada uno” 35.
La muerte de Corona el 11 de noviembre de 1889 tuvo por resultado la sucesión de gobernadores interinos entre los que se encontraron Mariano Barcena, Pedro A. Galván y Francisco Santa Cruz. Este último decretó algunos cambios al Plan de Estudios suprimiendo en 1893 algunas cátedras que Ramón Corona había incorporado en 1889. Éstas fueron: Canto coral y acompañamiento de violín y Escritura inglesa y Caligrafía. Fue suprimida también la materia de Economía Política y Estadística36.
Es también en esta Memoria en la que el Liceo de Niñas empieza a ser nombrado como “Liceo de Niñas del Estado y Escuela Normal de Profesores” 37, mientras que sigue hablándose del inminente establecimiento de la Normal de Profesores38, idea que fue concretada en 1892, fecha en que se suprimieron del Plan de Estudios las materias de Cronología, Raíces griegas, Economía política y Estadística, Grabado ¡y Pedagogía!39.
La información que nos proporcionan los documentos consultados sobre la supresión de la cátedra de Pedagogía en el Liceo de Varones es discordante. Por ejemplo, Luis C. Curiel, en su Memoria de 1897 no menciona en los programas de estudio del Liceo esta materia para el periodo 1894-9540, y sí especifica las asignaturas cursadas en la Escuela Normal de Profesores, las cuales eran: Antropología (1o. y 2o. curso), Pedagogía (1o. y 2o. curso), Higiene escolar y Música vocal (1o., 2o. y 3er. curso)41. Sin embargo, cuando Miguel Ahumada rinde su informe en 1905, habla sobre la separación del Liceo de Varones y de la escuela Normal de Profesores quedando aquél, como ya dijimos, bajo la denominación de Liceo del Estado. Y en el apartado en que habla de éste último, sí aparece la cátedra de Pedagogía en los programas de 1902 y 1903, pero está ausente a partir de 190442, seguramente porque el año anterior se había establecido la Escuela Normal Mixta.
El hecho de que Luis C. Curiel haya separado en su Memoria la información concerniente al Liceo de Varones y la de la Normal de Profesores y reuniera en un único apartado al Liceo de Niñas y a la Escuela Normal de Profesoras nos invita a reflexionar sobre los siguiente: si bien se creó la Normal de Profesores, el seguir o no la carrera de preceptor tenía un carácter más bien opcional puesto que en el Liceo de Varones no se impartía la materia de Pedagogía. Por el contrario, en el Liceo de Niñas si se incluía esta materia, lo cual, como dijimos anteriormente, parece dar derecho automáticamente al título de preceptora a las educandas que cursaban esta materia. En el periodo 1892-93, de 775 alumnas inscritas, 11 recibieron título de preceptora de 1er. orden, mientras que 17 pasaron a la Normal43. De títulos de preceptor otorgados no se informa nada para el mismo periodo. En 1894 encontramos que en el Liceo de Niñas, de más de doscientas alumnas, 25 obtuvieron título de preceptora de instrucción primaria. Por su parte en la Normal de Profesores en ese mismo año, 5 alumnos sustentaron examen, en 1895 fueron 9, y 5 en 1896. En ningún caso se explicita que hayan sido titulados preceptores.
Durante el periodo analizado se hace patente el proceso de feminización del trabajo de preceptor. El porqué de está evolución debe ser rastreado en los rasgos propios de la sociedad decimonónica. Por una parte, el terreno social masculino tenía apertura haca otras formaciones técnicas y profesionales y la baja remuneración del trabajo del preceptor empujaba hacia ellas a quienes seguían siendo considerados el sostén de la familia. Por cuanto toca al terreno social femenino es importante señalar que, excluidas de los estudios universitarios, las mujeres encontraron en la formación y el trabajo magisteriales la brecha que habría de permitirles escapar al destino único del trabajo hogareño. Hacia finales del siglo, como hemos visto, la brecha inicial se amplió con la posibilidad de cursar estudios de Teneduría de libros y Telegrafía.
Conclusiones
Así pues, en los últimos años del siglo XIX se logró hacer realidad la apertura y funcionamiento de establecimiento educativos dedicados a la formación de maestros de nivel elemental. Las Escuelas Normales para profesores funcionaron ininterrumpidamente a partir de 1889 (la de mujeres), y de 1892 (la de hombres), pero no siempre tuvieron el mismo carácter. Empezaron por ser unisexuales, pasaron por un corto periodo mixto y finalmente volvieron a dividirse en Normal de Profesoras y Normal de Profesores. En este recorrido es evidente el creciente aumento de la inscripción de mujeres, lo cual desembocará en la desaparición, ya en nuestro siglo, de la Normal de Profesores, y en la creación de la actual Escuela Normal, que si bien conserva el mismo carácter, sigue teniendo una gran mayoría de alumnas.
Notas
1 Colección de los decretos, circulares y órdenes de los poderes legislativo y ejecutivo del estado de Jalisco. Tomo Y, 2a. serie. Guadalajara, Jal., Congreso del Estado de Jalisco, 1982, p. 231.
2 Ibid. p. 235.
3 Ibid. p. 232.
4 Ibid. p. 233.
5 Ibidem.
6 Ibid. p. 235.
7 Ibid. p. 236.
8 Colección de los decretos, circulares y órdenes de los poderes legislativo y judicial del estado de Jalisco. Tomo X, la. serie. Guadalajara, Jal. Congreso del Estado de Jalisco, 1981, p. 383.
9 Ramón Corona, Memoria presentada por el Ejecutivo del Estado a la XII legislatura Constitucional en la sesión del 2 de febrero de 1889 por… Guadalajara, Tip. del Gobierno a cargo de J. G. Montenegro, 1889, p. 9.
10 Mariano Bárcena, Memoria presentada por el ejecutivo del estado a la XII Legislatura Constitucional en la sesión del de febrero de 1890 por…, Guadalajara, Tip. del Gobierno a cargo de J. G. Montenegro, 1890, p. 17.
11 Miguel Ahumada, Memoria presentada a la XX Legislatura del Estado de Jalisco el 2 de febrero de 1905 por el Gobernador Constitucional…, Guadalajara, Tip. de la Escuela de Artes y Oficios del estado de Jalisco, 1905, p. 346.
12 Colección…, Tomo X, la. serie, p. 383.
13 Colección…, Tomo I, 2da. serie, p. 249.
14 Colección…, Tomo III, 2da. serie, p. 108.
15 Jesús Leandro Camarena, Memoria que el Ejecutivo del Estado Libre y Soberano de Jalisco…, presentó a la Legislatura al espirar el cuatrienio constitucional entre el primero de marzo de 1875 y el último de febrero de 1879. Guadalajara, Tip. de S. Banda, 1879, p. 101.
16 Colección…, Tomo VII, 2a. serie, pp. 534-535.
17 Francisco Tolentino, Memoria presentada a la XI legislatura del Estado de Jalisco, por el C. Gobernador.., al concluir su periodo constitucional. Guadalajara, Luis Pérez Verdía, 1887, p. 36.
18 Ibid. p. 134.
19 Ramón Corona. Op. cit. p. 93.
20 Colección…, Tomo VII, 2a. serie, p. 174.
21 Francisco Tolentino. Op. cit. p. 36.
22 Ramón Corona. Op. cit. p. 93.
23 A. Lancaster Jones, Memoria sobre el estado de la administración pública formado por el Ejecutivo del Estado de Jalisco en cumplimiento de lo dispuesto en la fracción VIII del artículo 28 de la Constitución, y leída ante la honorable legislatura por el ciudadano Lic…, en la sesión del día 6 de mayo del corriente año. Guadalajara. Tip. de José María Brambila, 1870, p. 14.
24 Ramón Corona, Op. cit. p. 9.
25 Francisco Santa Cruz, Memoria presentada a la H. Legislatura del Estado Libre y Soberano de Jalisco, por el C. Gobernador Constitucional Substituto…, Guadalajara. Oficina Tipográfica del Gobierno, 1893, pp. 137-138.
26 Colección… Tomo VI, 1a. serie, p. 278.
27 Francisco Tolentino. Op. cit. p. 36.
28 Colección…, Tomo V, 2a. serie, p. 246.
29 Ibid. p. 242.
30 Francisco Tolentino. Op. cit. p. 36.
31 Ibidem.
32 Ramón Corona, Op. cit. p. 93.
33 Ibid. p. 94.
34 Ibidem.
35 Francisco Santa Cruz. Op. cit. p. 138.
36 Ibid. p 137.
37 Ibid. p. XII.
38 Luis C. Curiel, Memoria presentada al H. Congreso del Estado Libre y Soberano de Jalisco, por el Gobernador Constitucional…, Guadalajara. Imprenta y encuadernación de José Cabrera, 1897, p. 425.
39 Ibidem.
40 Ibid. p. 429.
41 Miguel Ahumada, Op. cit. pp. 357-360.
42 Luis C. Curiel, Op. cit. p. XIX.
43 Ramón Corona, Op. cit. p. 91.
Autor: Cristina Cárdenas Castillo y Juan Pío Martínez
Fuente: Revista de educación / nueva época núm. 03