Qué es la mitomanía
Se entiendo por mitomanía la tendencia a desfigurar la realidad engrandeciéndola. En primer lugar habría que entender que la mitomanía suele estar presente en personas que no se encuentran satisfechas con su vida y necesitan fantasear, tal vez directamente mentir, para hacerla más atractiva ante los demás.
Para identificar a un mitómano tenemos que localizar un rasgo que resulta inconfundible: en determinadas letras el rasgo final se prolonga por debajo de la siguiente letra de una manera notoria.
Cuando la mitomanía forma parte del carácter es posible también encontrar en cartas escritas por estas personas dibujos tanto en el cuerpo de la carta como en la firma. Las letras pueden ser además de un tamaño algo superior al normal, aunque en cualquier caso el primer rasgo indicado es el más definitorio del mitómano.
¿Cómo convivir con un mitómano?
Aterrizarlos en la realidad: Hay que llevarlo a un principio de realidad en el que se dé cuenta de que no puede fantasear, porque el choque con la verdad es duro. Por encima de cualquier cosa, no se le debe seguir la cuerda
Trastornos de personalidad: Esto forma parte de las características de los mitómanos, son manipuladores, convencen y suenan creíbles. En el fondo sufren de frustración, son egoístas y narcisos, no tienen control de sus impulsos y pueden presentar adicciones (sexo, juego, drogas).
En casos severos, “pueden tener problemas legales, de suicidio y rompimientos familiares (separación, divorcio de su pareja, aislamiento de sus hijos) debido al sentimiento de fracaso.
Antes de que sea tarde: No es fácil que los mitómanos reconozcan su condición, pero una vez se da ese paso es posible ayudarles con terapias para descubrir lo que les sucede. En algunos casos es necesario que tomen medicamentos. Son los familiares quienes acuden primero a los médicos en busca de una pista sobre cómo lidiar con la mitomanía de sus allegados. Ellos deben seguir un proceso de reconciliación, pues la confianza se ha roto.
Las terapias ayudan a los familiares a volver a creer en la persona y a entender su problema, de manera que puedan convertirse en apoyo durante el proceso de recuperación. Por eso, a quienes viven con un mentiroso compulsivo, algunos expertos les recomiendan confrontarlo y cerrarle el paso para evitar que esa mitomanía crezca como una bola de nieve.
El ejemplo empieza por casa
La mitomanía no es una enfermedad hereditaria, pero sí se puede aprender.
Se debe diferenciar la mentira de la fabulación. De 5 a 6 años, inventan historias pero no diferencian entre verdades y mentiras. Luego, son conscientes de que mienten, y ahí entran en juego diferentes tipos de mentira.
La primera es aquella ligada a la fantasía, por ejemplo, cuando dicen que hay monstruos en el cuarto. Esto es una parte normal del desarrollo.
• El segundo grupo de mentiras se llaman compensatorias. Representan un problema emocional, una carencia afectiva. Las usa un niño al que le falta algo y lo compensa con mentiras, por ejemplo al que le falta el papá inventa que fue con él al parque.
• El tercer grupo son las utilitarias, aquellas que buscan una utilidad. Se pueden dividir en dos: una en la que el niño miente para evitar un castigo; y la segunda en la que el niño miente como una forma de no asumir sus responsabilidades echándoles la culpa a otros.
Para evitar que un niño aprenda a decir mentiras sus padres deben inculcarle valores, responsabilidad e integridad. Debe vivir en un hogar donde reine la honestidad y el buen ejemplo, porque de nada sirve enseñarles a no mentir si es lo que los padres hacen a diario.
Fuentes: nosabiasque.com / marisolcollazos.es